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Senadores estadounidenses buscan mediante el T-MEC que México no deje el maíz transgénico

Ante la insistencia de los agricultores estadounidenses inconformes, porque México ha decidido dejar de comprar maíz transgénico para el 2024, dos senadores federales de los Estados Unidos de América, Joni K. Ernst y Charles E. Grassley, han pedido a Katherine Tai, representante comercial de su país, activar las consultas vía T-MEC, debido a que la decisión de parte del vecino azteca, le costaría millones de dólares al país más bélico del mundo. Según el estudio de “World Perspectives, Inc.”, la nación norteña perdería al cabo de 10 años, unos 73.89 mil millones de dólares en producción económica, mientras que el Producto Interno Bruto (PIB) se contraería en 30.55 mil millones de dólares.

Según las declaratorias de los senadores, el 95 por ciento del maíz sembrado en los Estados Unidos es cereal genéticamente modificado, ya que, de ese modo, se permite conservar el suelo al igual que reducir los insumos. “El decreto del presidente López Obrador no solo es un fracaso para los agricultores estadounidenses, sino que también es imposible de implementar”, declararon.

En caso de no alcanzar un acuerdo, los representantes solicitaron el establecimiento de un panel de resolución de disputas. Aquí la información de la carta:

Estimada Embajador Tai: Le escribimos para expresarle nuestra preocupación con la promesa del presidente Andrés Manuel López Obrador de prohibir las importaciones de maíz biotecnológico a México para el 2024.

Esta promesa contradice directamente las anteriores hechas por el gobierno mexicano a los Estados Unidos contenidas dentro del acuerdo Estados Unids-México-Canadá (T-MEC). lowa es el estado líder en producción de maíz, con un crecimiento de 2 mil 500 millones de bushels por año.

Los cultivadores de maíz en lowa exportan 16 millones de toneladas, o 630 millones de bushels, de maíz a México cada año. Cualquier interrupción de estos envíos afectará gravemente a nuestros agricultores y la economía del estado, y tendrá graves consecuencias económicas para todo el cinturón de maíz.

El decreto del presidente Obrador no solo es un fracaso para los agricultores estadounidenses, sino que también es imposible de implementar. El noventa y dos por ciento del maíz que se cultiva en los Estados Unidos es genéticamente modificado (GM).

Incluso suponiendo que se pudieran obtener semillas no modificadas genéticamente, los productores de Iowa y de todo Estados Unidos ya están solicitando bolsas de semillas para la siembra de la primavera de 2023. La semilla comprada este otoño todavía estará en los canales de grano hasta 2025.

La mayor parte de ese maíz es, y seguirá siendo, maíz biotecnológico que nos permite conservar el suelo y reducir los insumos. Un estudio realizado por World Perspectives, Inc. encontró que, durante un período de pronóstico de 10 años, la prohibición mexicana haría que la economía de los EE. UU perdiera $ 73.89 mil millones en producción económica, y el Producto Interno Bruto (PIB) se contraería en 30.55 mil millones.

Los productores de maíz y los socios de la industria perderían 32 mil empleos en EE. UU. Las acciones de México también afectarían negativamente el acceso de los agricultores estadounidenses* a la innovación actual y futura, que promueve una mayor productividad y sustentabilidad agrícola.

Dado el impacto que la invasión de Ucrania por parte de Rusia continúa teniendo en el suministro mundial de granos, es fundamental eliminar las barreras arbitrarias.

Le hacemos un llamado respetuosamente para que solicite formalmente consultas de solución de controversias de conformidad con el artículo 31.4 del T-MEC. Si al final del período de consulta México no ha confirmado que revertir su prohibición, la Representante Comercial de los Estados Unidos debe proceder a solicitar el establecimiento de un panel de resolución de disputas.

Gracias por su pronta atención a este asunto.

Si necesita más información, estaremos encantados de responder a cualquier pregunta adicional que pueda tener.

 Firman: Joni K. Ernst y Charles E. Grassley, senadores.