¿Conoces el teflón?

Por

Frank Varo

Esta es una historia que nos afecta a todos, una sustancia química que está en todos nosotros, en nuestra sangre y así será por muchas generaciones.

El teflón fue descubierto completamente por accidente por el Dr. Roy Plunkett en 1938. Salió a la venta comercial en 1946.

(El politetrafluoroetileno, o fluoroplástico-4, más conocido bajo la marca «Teflon», es un polímero de tetrafluoroetileno (PTFE), un plástico con raras propiedades físicas y químicas y es ampliamente utilizado en tecnología y en la vida cotidiana.

La palabra «Teflon» es una marca registrada de la empresa química estadounidense Chemours, una empresa derivada de DuPont Corporation.)

En abril de 1938, el químico Roy Plunkett, de 27 años, de Kinetic Chemicals, mientras experimentaba con gases pertenecientes al grupo de los refrigerantes (como el freón), descubrió que una muestra dejada bajo la influencia del frío se convertía durante la noche en un sólido ceroso blanquecino con algunas propiedades interesantes. El material no solo tenía una superficie inusualmente resbaladiza, sino que demostró ser notablemente resistente a prácticamente todos los productos químicos y solventes, incluidos los ácidos altamente corrosivos.

En 1941, Kinetic Chemicals obtuvo una patente para el teflón y en 1949 se convirtió en una división de la compañía estadounidense DuPont. El nuevo descubrimiento se puso rápidamente en práctica, primero en el Proyecto Manhattan (el nombre en clave del programa de armas nucleares de 1942-1946) y luego en utensilios de cocina.

Antes de tocar el tema respecto cómo nos afecta en la salud es importante tener claro algunos conceptos que engloban el teflón.

PTFE es la capa negra antiadherente que vemos en las sartenes. Es inocua.

C8, PFOS o PFOA era un emulsionante utilizado en la fabricación de PTFE. Es tóxico.

Teflón es el revestimiento de PTFE, PFOA y posiblemente otras sustancias, patentado por Dupont.

¿Cómo afecta el teflón al cuerpo humano?

El efecto negativo del teflón (politetrafluoroetileno) en la salud ha sido objeto de controversia durante muchos años. Estudios han demostrado que este polímero es muy estable e inerte en condiciones normales. El PTFE no reacciona con alimentos, agua o productos químicos domésticos.

Pero esto no fue siempre así, en el “pasado” el teflón llevaba una sustancia denominada C8, PFOS o PFOA que es una sustancia que tiene muchos usos industriales, como por ejemplo en espumas extintoras de incendios o agentes de tratamiento textiles, y que también se utilizó durante mucho tiempo durante la aplicación del recubrimiento antiadherente en los recipientes de cocina.

El PFOA pertenece al grupo de los perfluoroalquilos, un grupo de sustancias biopersistentes y que se concentran en la cadena alimentaria, se conoce su acumulación en tejidos y su toxicidad, como alteraciones endocrinas, carcinogenicidad de tiroides y de hígado y alteraciones de desarrollo.

Se ha sometido a numerosos estudios, en los que ha quedado clara su toxicidad (cánceres, problemas fetales, del sistema inmunológico, alteraciones tiroideas, colitis ulcerosa, problemas en el metabolismo de las grasas)

  • Permanece en nuestro organismo y se transmite a nuestra descendencia.
  • La exposición no es solo mediante alimentos, también puede llegar al cuerpo humano mediante líquidos donde se ha vertido.
  • Es una de esas sustancias que se estima que se encuentra en la sangre del 98% de los seres vivos del planeta.

El haber sacado a la luz la toxicidad del C8, PFOS o PFOA, de los otros perfluoroalquilos o PFAAS, ha dado lugar a una regulación y control de estas sustancias.

Conclusiones y panorama actual ante las sustancias fluoradas

Lo que podemos tener claro mirando hacia atrás es que el daño está hecho. Todos los PFAAS liberados al ambiente estarán ahí durante MUCHOS años debido a su persistencia, e interactuarán con los organismos por ser biodisponibles.

Actualmente, debido a lo ocurrido con Dupont, los fluorados son quizás unas de las sustancias más vigiladas, con una monitorización activa (tanto por parte de organismos gubernamentales como de organismos en defensa de la salud y el medio ambiente) y gran cantidad de información disponible, desde todos los puntos de vista.

Los estudios que se han realizado llegan a la conclusión de que el PTFE (y teniendo también en cuenta las sustancias necesarias para su fabricación) aplicado a sartenes en la actualidad en Europa no supone toxicidad para cocinar y según los datos que hemos encontrado y referimos en este documento, tampoco para el medio ambiente.

El principal problema actual no es la presencia de surfactantes en el utensilio que usamos para cocinar, sino la emisión de PFOA y sustancias similares que se siguen fabricando en China, siendo su principal aplicación en impermeabilizaciones, textiles, papel, envases Esta fabricación es un problema medioambiental actual, así como su posterior eliminación.

Por lo tanto, nuestra postura es:

  • Utilizar antiadherentes cuando sea necesario: principalmente en sartenes o parrillas, para preparaciones en las que los alimentos se puedan pegar al cocinarse con poca grasa o líquido. Elegir materiales con menos impacto ambiental para otros usos para los que existen alternativas: moldes de silicona, papel para proteger bandejas de horno, cocinar con cristal o porcelana siempre que sea posible…
  • Elegir el PTFE que asegure mayor resistencia y duración, como el caso del PTFE reforzado con titanio.
  • Evitar utensilios de antes de 2015.
  • Utilizar los utensilios revestidos de PTFE a temperaturas normales de cocinado, evitando accidentes por quemar aceites o sobrecalentamientos olvidando una sartén en el fuego y vacía.
  • Elegir productos fabricados en Europa, de empresas responsables que nos certifiquen que no usan ni PFOA ni sustancias similares.
  • Cuidar y limpiar adecuadamente los utensilios con antiadherentes para maximizar la vida útil.
  • Hacernos conscientes de otros productos que posiblemente utilizamos y que contienen PFOA o sustancias similares y que nos pueden estar generando una exposición mayor que la de la cocina: ropas y zapatos impermeabilizados; telas (p. ej. tapicerías) y alfombras anti manchas, envases de comida (p. ej. para evitar que se empapen de grasa, como bolsas de palomitas, cajas de pizza, cajas de patatas fritas..), productos cosméticos con «fluoro» o «perfluoro» en la lista de ingredientes (lociones, polvos prensados, esmaltes de uñas, cremas de afeitar).

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